Signos de esperanza para el pueblo cubano…

«Vivirás mezclada a la masa huma como la levadura en la masa» Hta Magdalena de Jesús

Un día que tenía que ir de Marianao hacia la Habana vieja, mientras cruzaba la calle llegó el transporte que me servía lo vi y comencé a correr, la inspectora de trasporte me hizo signos con su mano para pararme, le dije – ¿entonces ya no cabe más gente? Y ella me contesto- era para decirte que no corras pues el bus te espera. Subiendo el chofer me dijo- no tienes que correr. ¡le agradecí ¡
Me senté unos minutos, después llegó una señora mayor le ofrecí el asiento y ella cogió mi bolsa y lo puso sobre sus piernas, poco tiempo después se levantó una chica que me dijo – voy a bajar pronto pon tu bolsa encima del asiento; un señor que estaba al lado de la anciana me pasó la bolsa y así fue que me pude volver a sentar.

Hta Roselene Dominique


Seguimos viajando y una señora que quiso bajar del transporte pidió al chofer de esta manera -chofer ábreme la puerta, él le contestó- es mejor que me pidas de otra manera – “hazme un favor ábreme la puerta” o “¿tú me puedes abrir la puerta?…
Para mí todos estos gestos de solidaridad, de atención a los otros, de respeto, etc. garantiza un futuro mejor para éste pueblo. Todas/os aprendemos los unos, de los otros.Yo creo que una sociedad cambia a partir de los pequeños gestos en la vida cotidiana. Y al mismo tiempo yo me siento invitada a vivir contemplando la presencia de Dios.
Hta Roselene Dominique

«Hice la experiencia concreta del AMOR»…

La vida a veces nos pone en situaciones extremas donde nuestras opciones por Jesús y la “Oración de abandono” se hace más concreta, encarnada a veces dolorosa…convencidas que sea como sea, siempre será para más vida… “Las hermanitas enfermas, pedirán la gracia de la aceptación de su prueba en un total abandono, seguras que a través de su impotencia y sufrimiento son particularmente amadas por Jesús y que concretamente unidas a su pasión y su cruz, viven quizás uno de los momentos más fecundos de su vocación de “Salvadoras con Jesús” (De las Constituciones)

Tomamos trozos de cartas de dos hermanitas que nos comparten cómo la enfermedad las ha plasmadas y las ha unido a la pasión y Resurrección de Jesús… Momentos difíciles, sin embargo, llenos de vida y profundidad…

De Hermanita Paula: Hoy hace 2 meses que me operaron; es decir que hace dos meses que volví a nacer… Puede sonar exagerado, pero quien pasó por allí comprende…  Ahora vemos, por los indicadores que dieron los análisis, que el cáncer me puso al borde de la muerte, sin saberlo, aunque el dolor me lo hacía intuir…

Hoy celebro la Vida, que Dios quiso regalarme otra vez, para que mire con nuevos ojos; algo que voy disfrutando cada día, con cada despertar. Cada noche, antes de cerrar los ojos y lograr dormir.

Y la Vida se presenta diferente a como era antes. No encuentro palabras para expresarlo, porque no es que antes no la valorara o no la disfrutara. Es como entrar en otra dimensión de la Vida… ¿será eso Resucitar?… Como sea, es muy bueno (Gén. 1, 10)

La mejor de las noticias, y la más esperada: ¡ya no hay registros de cáncer en mi cuerpo!!!… De todos modos, haré quimio y radioterapia preventivas.

El oncólogo que me atiende me da (a mí y a cada paciente) todo el tiempo del mundo. Eso hace que las esperas sean realmente largas (más los viajes…). Claro que, al entrar al consultorio, las esperas se olvidan y el tiempo se agradece. Me siento cómoda, a la vez escuchada y respondida. Creo que estoy en buenas manos y me da confianza.

Gracias por el cariño y la oración, que es una de las partes más importantes del tratamiento. Y de la Vida

Por aquí me quedo, porque lo demás pertenece al futuro, que está en muy buenas Manos…

De hermanita Donata: “Si, la idea es contarles cómo voy con mi enfermedad y mi tratamiento, compartirles las luces y las sombras de este tiempo, que es el tiempo más intenso y significativo de mi vida… que vino a darle continuidad a mi tiempo de renovación…que sigue en curso…y que le faltaba este aspecto.

Bueno, ya saben… operada en julio por un Carcinoma del Endometrio, después de un rápido post operatorio, empecé la quimio y la radio…

En la carta que les escribí en julio, después de mi operación, les hablaba de la metáfora de la perla… Esta metáfora me ha trabajado mucho. En estos meses me ha habitado la certeza que esto es para mí y no contra mí.

Traté de defenderme de la autocompasión, de ponerme en la situación de “enferma”, del victimismo etc… intuyendo que ahí estaba “la perla” a construir y descubrir y no podía dejar pasar esta oportunidad que me era regalada como un tesoro valioso, una fuente de bendición.

La enfermedad me ha puesto en la situación de conectarme con el aspecto más tierno y frágil de mi misma, la parte más humana…

Al comienzo me preguntaba ¿“por qué a mí”? Después de un tiempo me decía ¿y por qué no a mí? Y he empezado a percibir la enfermedad como un “regalo”, una oportunidad única para crecer… recibiéndola, aceptándola, agradeciéndola… haciendo lo que hay que hacer para salir enriquecida y trasformada…

 Y en esto hice la experiencia concreta del AMOR y a esto mis hermanas han aportado mucho al demostrármelo en miles de detalles.

Lo que me ha ayudado:

He tratado de vivirlo sin dramas y sin misterios dentro de los altos y bajos normales de la enfermedad. He tratado de vivir “la vida normal” para no hacer pesar la enfermedad sobre las otras, pero sobre todo para defenderme de mí misma, de la posibilidad de la auto conmiseración y del victimismo… así evitar la parte “depresiva” de la enfermedad.

En los días que he estado peor (vértigos, dolores musculares y articulares, cansancio extremo etc…) lo fundamental ha sido “entrenar” la emoción de la “gratitud” … Si, agradecer en lugar de quejarse me ha transformado la vida, agradecer por las pequeñas cosas de la vida cotidiana: un mensajito recibido, un preguntarme “¿cómo te sientes hoy?”, una sonrisa de mi hermana, un llamado, la cadena de oración por parte de la comunidad cristiana, un grupo de amigas que se turnan para ir a buscarme a la salida de las terapias…y podría seguir… Todas cosas que me han llenado el corazón y me han llevado a cantar “gracias a la vida que me ha dado tanto…” Así me he tomado el tiempo de releer mi vida en clave de “gratitud” y me di cuenta que es maravilloso… cambiándote completamente la percepción de las cosas…

La situación me ha obligado a “ir más lenta” y me di cuenta de la importancia de esto…y de lo que esconde ir siempre de prisa… La debilidad es la que te pone de verdad frente al otro en las mismas condiciones que no elegiste y la que te da la posibilidad de solidarizar con los otros… Ha habido días en que me di cuenta que no podía ni rezar, ni una idea o un pensamiento que me pudiera ayudar, reflexionar…e hice la experiencia de lo que me dijo una vez hta Iris Mary:  “Hay situaciones en la vida en las que el cuerpo mismo se transforma en oración”

Lo que se viene:

En el transcurso de la primera quincena de marzo, haré los últimos exámenes de control. Si todo sale bien me darán de alta y sólo tendré que mantener bajo control esta situación… Mientras tanto, siento que voy recobrando fuerzas, energías y entusiasmo. Cada día más… Y sólo me queda agradecer al Señor por tanta intensidad…”

Aniversario del nacimiento de la fraternidad de las hermanitas de Jesús

El 8 de Septiembre celebraremos los 82 años del nacimiento de la Fraternidad…

Hta Magdalena en Argelia

Decía la hta Magdalena: “Cómo no voy a aceptar con sencillez, relatar la historia de esta fundación, en la que Dios lo ha hecho todo de una forma tan evidente” … Se resume en estas palabras: “Dios me tomó de la mano y, ciegamente, lo seguí” … “en la oscuridad aparentemente más completa y en la ausencia más desconcertante de medios humanos, pero con una confianza ilimitada en la omnipotencia de Jesús, Señor de lo Imposible”

En su propia vida, la hermanita Magdalena sintió un cambio “tan radical”, como ella dice, fue una profunda experiencia, que vivió cuando falleció su hermana, “yo tenía 20 años, era la persona más tímida y encerrada que podía haber en el mundo, era mi verdadera naturaleza… En un momento, delante del cuerpo de mi hermana, una segunda naturaleza reemplazó a la primera y yo salí distinta de cómo había entrado”

Esta experiencia dolorosa y transformante, me hace pensar en este largo tiempo de “pandemia”, que transitamos como humanidad… y que vamos descubriendo como “límite y oportunidad para reinventarnos” … como personas y como sociedad. 

Hta Carmen Alicia en el comedor popular de Monte Chingolo en Buenos Aires

Volviendo a este llamado primero, encuentro la fuente en el Amor de Dios y en el Evangelio, allí se va revelando constantemente Jesús de Nazaret… En los comienzos nuestra vocación se definía: “contemplativas y nómades”… en estos tiempos de “itinerancia”, para estar más cerca de l@s hn@s más pobres y excluíd@s, invisibilizad@s porque no cuentan en esta realidad que vivimos… siento que la presencia inserta en el “corazón de las masas” (barrios populares, comunidades indígenas, pequeñas poblaciones rurales), ahonda su sentido en la Encarnación de Jesús… y es la vida contemplativa la que me vivifica en la Palabra de Dios, la Adoración Eucarística, el silencio, los tiempos de desierto y oración…

La convivencia cotidiana me permite quedar cercana y buscar el encuentro en la amistad, vecindad, con l@s compañer@s de trabajo (en las cosechas de algodón, caña de azúcar, poroto, maíz), en casas particulares, trabajos artesanales de la comunidad mapuche (tejidos en telar), dulces caseros…   Este compromiso con el trabajo manual para sostenernos y la condición social de los pobres como lugar de vida, nos revelan ese misterio de las Bienaventuranzas que Dios confía a los sencillos.

Esta manera de vida religiosa, que buscó el hermanito Carlos de Jesús, me mueve a una renovada apertura, desplazamiento, por caminos de solidaridad, fraternidad… porque el Misterio de Gratuidad de Dios, alumbra y mantiene esta sed en el  corazón y en nuestras pequeñas comunidades, donde apostamos a “la fecundidad de la semilla que crece sin que sepamos cómo”, porque Dios es Amor.  

Hermanita Carmen Alicia                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       

«Vivimos nuestro Nazaret, descubriendo formas de ser «una de ellos»… Desde Belo Horizonte…

Las hermanitas de Brasil, nos comparten el sentido de vivir Nazaret en un hogar de ancianos, «ancianas entre los ancianos» viviendo el carisma hasta el final de la vida…

Después de recibir una solicitud para que contemos cómo estamos viviendo el carisma del Hermano Carlos aquí en el Lar de Idosos São José en Belo Horizonte – MG, nos reunimos para hablar de ello. 

Pero antes, situémonos: somos cinco hermanitas que vivimos aquí desde septiembre de 2017, cuando llegó Edejanira.  Al año siguiente llegaron las demás: Dinorá, Iracema, Elisabeth y Dulcidéa. 

Para todos nosotros fue un nuevo comienzo, una nueva inserción, un nuevo aprendizaje. «Ser uno de ellos. Ser una de ellas», mujeres mayores con hombres mayores. Tenemos casi cien años, la mayoría estamos en silla de ruedas o postrados en la cama. 

 Nosotras cinco y otra docena de residentes estamos en el tercer piso. Vivimos en habitaciones individuales, lo que nos viene muy bien. 

  En este contexto vivimos nuestro Nazaret descubriendo formas de ser «uno de ellos».

He aquí un breve resumen de nuestro intercambio:

– «Para mí, vivir aquí me recuerda la experiencia del hermano Carlos en Tamanrraset que, en aquella época de sequía, caminó siete kilómetros para conseguir leche de cabra para alimentar al hermano Carlos.  En ese estado de total dependencia, tuvo la experiencia de ser «uno de ellos». Aquí, debilitada por la edad (tengo 92 años), esta experiencia del hermano Carlos me ayuda a aceptar mi realidad. (Hna. Elisabeth).

– El Hermano Carlos descubrió la profunda unidad entre el amor de Dios y el amor al hermano, entre la Eucaristía y los pobres: «Todo lo que hagáis por uno de estos pequeños, lo hacéis por mí. Si pensamos que estas palabras fueron pronunciadas por los mismos labios que dijeron: «Esto es mi cuerpo, esto es mi sangre»… con qué fuerza nos veremos llevados a buscar y amar a Jesús en los pequeños, en los pobres, en los excluidos. «

 Esto es lo que sostiene mi vida y lo que intento vivir aquí con nuestros hermanos mayores que sufren, «heridos», en esta última etapa de la vida. (Sr. Dinorá).

– Vivir aquí entre personas mayores, en una situación de fragilidad humana, al «final del camino», es para mí vivir una comunión de destino con otros residentes.  Experimenté fuertemente esta sensación cuando estaba enferma en la cama de la enfermería.  (Sr. Edejanira).

– La palabra que me viene a la mente es «desapego».  Estamos en una etapa en la que ya no tenemos una fraternidad, ni una región, ni una comarca.  Es un gran desprendimiento para mí.  (Sr. Dulcidéa).

– Cuando veo la fragilidad de otras personas mayores, me ayuda a no fijarme en mi propia fragilidad.  Es un reto diario.  Me ayuda a ser más comprensiva. (Irz. Iracema).

 La llegada de la pandemia nos ha limitado mucho, porque tenemos que mantener cierta distancia y eso limita un poco los contactos y las visitas a los encamados, por ejemplo. 

No podemos esperar a retomar el ritmo de vida normal. Gracias a Dios ya nos hemos vacunado dos veces, y también de la gripe. Poco a poco la vida se reanudará. 

Esperamos haber aprendido algo de esta pandemia.  Nos alegra ver los gestos de solidaridad que han aparecido aquí y allá.  Con la esperanza de tiempos mejores, pedimos al Dios de la Vida y al Hermano Carlos que nos inspiren y nos ayuden día a día a vivir una vida más humana y fraterna con nuestros hermanos y hermanas aquí en el Lar São José.