Quedandose en casa…la de Betania…(Argentina)

A la luz de Juan 12. Unción en Betania.

Mientras estamos en casa para cuidarnos me gustaría mirar a Jesús; quedándose en una casa, la de Betania, haciendo la cuarentena, y que con este gesto «normal» nos propone una manera que sí es la propuesta que podríamos acoger, hacer de tantos hogares la experiencia de Betania, como lugar de encuentro, de generosidad, de desborde, donde los que piensan en acumular sin pensar en los demás, escuchan la invitación de Jesús a estar con él y reconocer a los pobres, entre ellos, donde el perfume de la justicia, del compartir, de la gratuidad, de la dignidad, se haga sentir por todas partes. Como Iglesia podamos volver a re-leer las palabras del Papa Francisco y que podrían darnos una luz para que este tiempo de cuarentena no siga siendo una «vida que se clausura en los propios intereses, donde ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado». (Exhortación Apostólica. Evangeli Gaudium. N2)

Chile. La cuarentena…es tiempo de…

Este tiempo de cuarentena, es tiempo de estar más “adentro”, en casa.

Es tiempo de más compartir entre nosotras con un ritmo más suelto, más flexible. De hacer cosas pendientes, de poner orden, de aceptar que me puedo enfermar y morir como simple mortal, sin fecha preestablecida. Es el lujo de tener misa en casa en la cual ponemos lo vivido, las preocupaciones, las intenciones que llevamos…

Es un tiempo de cercanía con la gente de la parroquia que se reúne cada día alrededor de la oración transmitida en vivo por las redes sociales, desde una de nuestras casas. Nos hace más cercanos porque entramos en la forma de orar y expresarse de cada familia, porque llevamos juntos las intenciones de unos y otros. Es cercanía con personas que llegan a nuestra memoria y que nos contactan o que contactamos más gratuitamente. Es buscar algún contacto con las hermanitas en los hogares, que no podemos visitar.

Es la preocupación por las personas solas, ancianas a veces deprimidas que deben quedar en casa. Es la preocupación creciente por el hambre que amenaza y aqueja siempre más de cerca a muchas familias. Es tratar de solidarizar de alguna manera con las iniciativas que brotan en la población, como el comedor en el cual se comprometió nuestro nuevo párroco.

Es aceptar vivir en la incertidumbre: ¿Habrá algún test, alguna vacuna listos antes? ¿Cómo seguirá la lucha del pueblo chileno por una mayor justicia, cuando pase lo más fuerte de la pandemia, pues la “primera prioridad” es sobrevivir? Para mí, es también un tiempo de no estar en todo lo que se comparte en casa, pues el trabajo sigue.

Al mismo tiempo, más que nunca, siento que me voy en nombre de la fraternidad ya que optamos juntas por que siga yendo al hospital, a pesar del riesgo que pueda haber de traer contagio a casa… por solidaridad con lo que sufre tanta gente.

Cuidar la manera de regresar a casa, desinfectando todo, es engorroso. Pero es consecuencia de la solidaridad. Es un privilegio tener un trabajo en este momento. Tantos vecinos sufren ya las consecuencias de la cesantía. Es también, más que nunca, querer traer ánimo a los pacientes que no pueden tener visita de sus familiares y amigos.

Es también la ocasión de expresar con gestos muy concretos, en nombre de tanta gente, el aprecio y agradecimiento hacia los trabajadores de salud, cuidando que el ambiente donde trabajan sea limpio, seguro y ojalá agradable. Es tratar de informarme para hacer las cosas bien, entender lo que vamos viviendo.

Es tener la suerte de “contemplar” día a día la entrega inteligente y bien coordinada del personal para salvar la vida de sus semejantes, cualesquiera que sean.

Desde Brasil: “¿Cuál es tu sueño? Que se acabe el corona virus para que la vida pueda renacer.”

Hermanitas que viven en Belo Horizonte, Brasil, en el Hogar San José nos nos traen su vivencia

Celebramos con ellas que, en estos tiempos de dolor e incertidumbre, festejen la fuerza de la vida junto a otras/os residentes.

Dulcita: 

¿Qué nos ayudó a encarar y vivir esta pandemia que todavía dura?

 Nosotras/os que vivimos en el Hogar, quisimos agradecer a los que nos cuidan y a todos los trabajadores  de la casa, con una fiesta, porque en este tiempo de corona virus, cada uno de ellos/as hacen frente a todos los obstáculos y siempre  están presente, cuidándonos.

También me ayudó, profundizar en el sentido de la infancia espiritual: que la hermanita Magdalena nos dejó:

“… abandono y confianza en el amor de Dios.»
» La confianza de una criaturita, que cuando su padre, hace ademán de dejarla caer, ella ríe a carcajadas, mirando hacia el precipicio de abajo, porque está en brazos de su padre y sabe muy bien que, nunca la dejará caer.»
El distanciamiento social, y la «vida parada» no me es indiferente. Trato de confiar y  abandonarme, sin dejar de suplicar que pronto  pase todo esto.

Con esta confianza les digo mi cariño. Dulcita.

Carlos de Foucauld: un nuevo Santo para la Iglesia

https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2020-05/nuevos-santos-para-la-iglesia-entre-ellos-charles-de-foucauld.html

El 26 de mayo de 2020, el Papa Francisco firmó el decreto que traerá a tres nuevos santos a la Iglesia, incluido Charles de Foucauld. Lo compartimos con mucha alegria. Tan pronto como lo sepamos, comunicaremos la fecha. Viviremos esta fiesta en colaboración con toda la familia del hermano Carlos. Les pedimos que se unan a nuestra oración para que la preparación de este evento sea una oportunidad para crecer en comunión y aprender a compartir la profecía escondida en la vida del «hermano universal».