«Vivimos nuestro Nazaret, descubriendo formas de ser «una de ellos»… Desde Belo Horizonte…

Las hermanitas de Brasil, nos comparten el sentido de vivir Nazaret en un hogar de ancianos, «ancianas entre los ancianos» viviendo el carisma hasta el final de la vida…

Después de recibir una solicitud para que contemos cómo estamos viviendo el carisma del Hermano Carlos aquí en el Lar de Idosos São José en Belo Horizonte – MG, nos reunimos para hablar de ello. 

Pero antes, situémonos: somos cinco hermanitas que vivimos aquí desde septiembre de 2017, cuando llegó Edejanira.  Al año siguiente llegaron las demás: Dinorá, Iracema, Elisabeth y Dulcidéa. 

Para todos nosotros fue un nuevo comienzo, una nueva inserción, un nuevo aprendizaje. «Ser uno de ellos. Ser una de ellas», mujeres mayores con hombres mayores. Tenemos casi cien años, la mayoría estamos en silla de ruedas o postrados en la cama. 

 Nosotras cinco y otra docena de residentes estamos en el tercer piso. Vivimos en habitaciones individuales, lo que nos viene muy bien. 

  En este contexto vivimos nuestro Nazaret descubriendo formas de ser «uno de ellos».

He aquí un breve resumen de nuestro intercambio:

– «Para mí, vivir aquí me recuerda la experiencia del hermano Carlos en Tamanrraset que, en aquella época de sequía, caminó siete kilómetros para conseguir leche de cabra para alimentar al hermano Carlos.  En ese estado de total dependencia, tuvo la experiencia de ser «uno de ellos». Aquí, debilitada por la edad (tengo 92 años), esta experiencia del hermano Carlos me ayuda a aceptar mi realidad. (Hna. Elisabeth).

– El Hermano Carlos descubrió la profunda unidad entre el amor de Dios y el amor al hermano, entre la Eucaristía y los pobres: «Todo lo que hagáis por uno de estos pequeños, lo hacéis por mí. Si pensamos que estas palabras fueron pronunciadas por los mismos labios que dijeron: «Esto es mi cuerpo, esto es mi sangre»… con qué fuerza nos veremos llevados a buscar y amar a Jesús en los pequeños, en los pobres, en los excluidos. «

 Esto es lo que sostiene mi vida y lo que intento vivir aquí con nuestros hermanos mayores que sufren, «heridos», en esta última etapa de la vida. (Sr. Dinorá).

– Vivir aquí entre personas mayores, en una situación de fragilidad humana, al «final del camino», es para mí vivir una comunión de destino con otros residentes.  Experimenté fuertemente esta sensación cuando estaba enferma en la cama de la enfermería.  (Sr. Edejanira).

– La palabra que me viene a la mente es «desapego».  Estamos en una etapa en la que ya no tenemos una fraternidad, ni una región, ni una comarca.  Es un gran desprendimiento para mí.  (Sr. Dulcidéa).

– Cuando veo la fragilidad de otras personas mayores, me ayuda a no fijarme en mi propia fragilidad.  Es un reto diario.  Me ayuda a ser más comprensiva. (Irz. Iracema).

 La llegada de la pandemia nos ha limitado mucho, porque tenemos que mantener cierta distancia y eso limita un poco los contactos y las visitas a los encamados, por ejemplo. 

No podemos esperar a retomar el ritmo de vida normal. Gracias a Dios ya nos hemos vacunado dos veces, y también de la gripe. Poco a poco la vida se reanudará. 

Esperamos haber aprendido algo de esta pandemia.  Nos alegra ver los gestos de solidaridad que han aparecido aquí y allá.  Con la esperanza de tiempos mejores, pedimos al Dios de la Vida y al Hermano Carlos que nos inspiren y nos ayuden día a día a vivir una vida más humana y fraterna con nuestros hermanos y hermanas aquí en el Lar São José. 

Intentar ser una de ell@s… Desde Brasil

Hermanita Dulcita, quien se encuentra en un Hogar de ancian@s con otras hermanitas de Brasil nos habla de su seguimiento del Hermano Carlos, tras las huellas de Jesús de Nazaret.

Me alegro mucho de la canonización de nuestro querido hermano Carlos. Sabemos que no aumentará sus virtudes. Pero este reconocimiento oficial de su santidad por parte de la Iglesia es importante para quienes todavía no lo conocen.

Hermanita Dulcita en el hogar

En la actualidad, a mis ochenta años, me encuentro viviendo en una residencia de ancian@s. Ante la pregunta : «¿Cómo vivo el carisma del hermano Carlos en este contexto?» He pensado que lo que me ayuda es esa intuición que me atrajo desde el primer momento: «Intentar ser una de ell@s»…

El hermano Carlos trató de vivir el Evangelio junto a los más pobres, respetando profundamente sus diferencias. Cultivó una amistad que les hizo descubrir lo importantes que eran. Esta apreciación del otro como otro, como persona amada de Dios, es una gran ayuda para la autoestima, especialmente para aquellos que son desvalorizados, rechazados, despreciados.

Esto es una gran ayuda para mí, porque me anima a ir hacia el otro con esta mirada, con una actitud fraternal de igualdad.

Y para ello en la vida cotidiana, una sonrisa, unos buenos días, un abrazo, un pequeño servicio son gestos que pueden hacer que el otro se sienta alguien, visible…

Gracias hermano Carlos. Estoy muy contenta de formar parte de tu familia espiritual.

De Papa Francisco: «Hermanos y hermanas, los abuelos y los mayores son el pan que alimenta nuestras vidas. Estemos agradecidos por sus ojos atentos, que se fijaron en nosotros, por sus rodillas, que nos acunaron, por sus manos, que nos acompañaron y alzaron, por haber jugado con nosotros y por las caricias con las que nos consolaron. Por favor, no nos olvidemos de ellos. Alegrémonos con ellos. Aprendamos a detenernos, a reconocerlos, a escucharlos. No los descartemos nunca. Custodiémoslos con amor. Y aprendamos a compartir el tiempo con ellos. Saldremos mejores. Y, juntos, jóvenes y ancianos, nos saciaremos en la mesa del compartir, bendecida por Dios».

Vivir Nazaret

Vivir Nazaret es algo de muy sencillo y al mismo tiempo muy difícil. “No hay nada aquí” decía un poema… Es cierto… A Nazaret no hay nada…

Lo he descubierto, en el pasar de los días donde nada de extraordinario sucede, en la banalidad que se repite en la monotonía de un trabajo no gratificante, en los gestos simples que se vuelven rutina… Continuar leyendo «Vivir Nazaret»