“Jesús hizo de la vida cotidiana el lugar de encuentro con Dios”

Señor habré mis labios y mi boca proclamará tu alabanza… así empezamos cada día la oración mientras no tan lejos se escucha las voces de los pregoneros que venden el pan, la campana del vecino saludando a sus dioses, los gallos, los gatos, los perros, la cafetera, etc.

Vecinitos…

La certeza del hermano Carlos de que “Jesús hizo de la vida cotidiana el lugar de encuentro con Dios” es la intuición de mucha gente que sin saberlo lo viven, basta con salir que mientras caminas te encuentras con l@s que van a sus trabajos o l@s que van a la panadería por el pan para desayunar o para guardarlo de almuerzo. Es la primera cola del día… Lázaro en la esquina habla con orgullo a sus amigos de las primeras travesuras de su hijo, y más adelante una vecina le dice a la otra donde puede conseguir aceite, picadillo o los preciados cigarrillos tan escasos por estos días- “no encontrará mucha variedad, pero sí mucha gente”- le dijo.

Hta Rosetta en las calles de La Habana

Por las tardes en el andén de nuestra casa o en frente reúnen muchas personas para agarrar aire fresco, jugar, beber, etc. sus tonos de voz agudos o graves dejan entrever el tipo de conversación… la vida bulle y se resiste a achicarse frente a las dificultades.

En la noche, un momento de silencio antes de darnos una palabra de agradecimiento por lo vivido: pasan por nuestro corazón encuentros, visitas, situaciones, cansancios, alegrías… y finalmente la oración de abandono que nos recuerda que somos amadas del Padre tanto como los muchachos que salen a la esquina con su música casi en el mismo momento que nosotras vamos a la cama. Sí, voy con el corazón agradecido y también con el deseo que ellos vayan a dormir pronto.

Hta Norma

Agradeciendo la vida de la hermanita Maité… que entró en la VIDA… Ella nos dice: “Ser contemplativas diariamente es descubrir la presencia de Dios en mí, en cada persona…»

Hoy, en La Habana se celebraron los funerales de nuestra hermanita Maité. El Covid la “eligió” así como miles otros en el mundo. Con ella, habíamos planificado compartir testimonios vocacionales de hermanitas alrededor del mundo. Nunca pensamos que íbamos a empezar con ella…el día que fue abrazada por los brazos amoroso del Padre.

Podríamos contar muchas cosas sobre ella. Hoy queremos escucharla…

Este relato, lo escribió el mayo de este año, y ha sido publicado en varias redes… «Mirada Contemplativa», «Telegra» etc…

Hermanita Maité

“Preguntarnos sobre lo que es esencial en nuestras vidas puede ser un ejercicio que, a fuerza de repetirlo, nos ayude a descubrir la necesidad de ir más ligeros de equipaje en el viaje de la vida…”


“Tenía alrededor de 20 años cuando estudiaba en la universidad y decidí experimentar si mi proyecto de vida era casarme con un muchacho y formar una familia. Así ya era amiga de las hermanitas cuando este hermoso mensaje me llegó y mi amistad con ellas duró alrededor de diez años. Siendo amiga de ellas, las vi vivir su carisma trabajando codo a codo con sus compañeras y compañeros de trabajo; tomando tiempo para la oración silenciosa, para ir al desierto de la soledad y buscar allí la voluntad de Dios en sus vidas; acogiendo a cada persona como única y acompañándola siempre…


En la Navidad de 1995, la hermanita Lidia invitó a venir a una Hermana de Sión nicaragüense para que nos ayudara en el conocimiento de la Palabra de Dios. Aún recuerdo a la hermana Ana María diciéndonos: “Nosotros, los cristianos, no llevamos la cruz de Cristo, mientras que no carguemos con la cruz de nuestros hermanos”.


Esta frase hizo “click” en mi corazón y todo fue claro para mí: El Señor me llamaba a consagrarme a Él por amor a mis hermanos y hermanas pobres. Se lo dije a Hermanita Lidia y me puse en camino para hacer un buen discernimiento. En este proceso fue muy fuerte para mí descubrir que, de todas las congregaciones presentes en el país, la única que me permitía tener continuidad con mi historia personal de trabajar y ganarme el pan con el sudor de mi frente, era la Fraternidad de las Hermanitas de Jesús…»

Las hermanitas de Cuba


“He vivido en Cuba desde que formo parte de las Hermanitas de Jesús, salvo algunos tiempos de mi formación. Desde hace tres años trabajo en un Círculo Infantil como Auxiliar Pedagógica. Intento acompañar a los niños o niñas dando razón de lo que hago y el afecto que les expreso con mis acciones. La bondad es una llave que abre los corazones de todos y todas, y eso se agradece con creces. No hay nada más bonito que contemplar cómo un niño o una niña va creciendo en estatura y en autonomía frente a los mayores. Con mis compañeras de trabajo, el poder compartir codo a codo, las dificultades de cada día es parte de mi misión como hermanita de Jesús…”


“Ser contemplativas diariamente es descubrir la presencia de Dios en mí, en cada persona, y en todo lo que me acontece a mí y a los otros. Ser contemplativas es estar atentas para descubrir la bondad y la belleza en cualquier lugar, incluso y más todavía, en los más inmundos y en cualquier tiempo, o sea, en los inapropiados, según nuestros razonamientos. Dios es Amor y como Amor que es, Él se dona, se da, se entrega siempre. A nosotros nos corresponde descubrirlo en las apariencias que lo velan, que lo esconden.


Dicen los estudiosos del cristianismo que a Jesús, nuestro Salvador, que es el Crucificado, tardaron muchos años en representarlo crucificado porque era un horror tan grande estar crucificado, que nadie era capaz de contemplarlo así.


Así Carlos de Foucauld, el inspirador de nuestra espiritualidad de Nazaret, comprendió que Jesús tomó el último lugar y nadie nunca ha podido arrebatárselo. Él, el Único bien, aceptó ser crucificado, Él que es el Cordero de Dios nos invita también a nosotros a serlo con Él. Esto es ser contemplativas en los caminos del mundo…”


“Ser pobre, necesitado es un buen camino que nos religa, (re-ligarse: volver a unirse) que nos vuelve a unir y a sentirnos como hermanas y hermanos que es la vocación a la que nos llama, nos convoca y nos invita nuestro Dios que es Padre y Madre. Sabernos y sentirnos amados por Dios es fuente de realización personal.


No hay nada más bonito que despertar cada mañana y agradecer a Dios el haber escuchado el despertador que te llama a la vida, a los compromisos que tienes a lo largo del día con el trabajo y también con las múltiples personas que encontrarás y con las que entrarás en relación desde el transporte que te conduce al trabajo hasta el que te conduce de regreso a tu casa…”


“Caminar por las calles, saludar a las personas, alegrarte por un encuentro no esperado, todo es fuente de sentido para nuestra vida y esa vida que vivo me hace plenamente feliz. Sentir que siendo una hermanita de Jesús, sencilla, que trabaja como cualquiera, que tiene deberes como cualquiera y que busca amar a sus semejantes como cualquiera, esta es la fuente de mi realización personal y de mi felicidad humana…”


“El Hermano Carlos de Foucauld le gustó, apreció como algunos de los que lo visitaban en su casa de Benni-Abbés, en Argelia, lo comenzaron a llamar el Hermano Universal. Recibía a todos: esclavos y militares. A todos los trataba con deferencia. Su casa la comenzaron a llamar “Fraternidad”, así consta en sus escritos. Esta capacidad de acoger en su casa, a cualquiera desde el más grande al más pequeño fue un sello que lo distinguió en su paso por el Hoggar…»


«Hermano Carlos fue un pionero en esto y en ir a abrazar a la última de las personas, la más alejada, la más olvidada, para decirle que Dios la amaba con una ternura infinita. Esta búsqueda, este afán por buscar los últimos fue la línea roja que lo impulsó siempre en su largo peregrinar por la vida…”


MAYTE VARELA

Hermanita de Jesús.

La Habana Cuba. Mayo 2021.

Dimensión contemplativa… «así como Dios nos mira desde nuestro existir. (Desde Cuba)

«Sean contemplativas que permanezcan muy cerca de los hermanos, mezclándose en su vida, compartiendo sus alegrías, y sus sufrimientos haciéndose todas a todos…»…les aseguro que el mundo necesita AMOR «…. así nos escribía Hta. Magdalena, nuestra fundadora.

La dimensión contemplativa es fundamental en la vida de cada persona que quiera seguir a Cristo. En nuestra vida la presencia de cada ser humano es una oportunidad para mirarlo como Jesús nos mira. Desde su manera de relacionarse como hijo del Padre y hermano de todos, podemos entrar también en nuestro proprio templo, dónde Él habita nuestra interioridad,  vivir la misma relación amorosa como opción de vida.

Son muy significativas e iluminadoras las miradas amorosas que yo mismo recibo del Padre e que me animan a reconocerlas también en muchas personas a lo largo de mi vida cotidiana.

Últimamente me impactó la actitud de R., un hombre que conocí en una situación particular.

En una tarde-noche del mes de diciembre 2020 fui al hospital Calixto García para visitar a una vecina del barrio enferma de artrosis deformante en estado avanzado, que asistía a su compañero que se encontraba en fase terminal. Llegué un poquito preocupada conociendo el cuidado que necesitaban. ¡Cual sorpresa la mía cuando acercándome a la última cama de una inmensa sala, vi alguien (que no conocía), inclinado sobre G. para darle alivio acariciándole la espalda! Encontré a la vecina menos angustiada, muy agradecida con su hijo quien rápidamente compartió cómo pudo llegar a La Habana, dejando trabajo y ciudad, para acompañar a su mamá en el cuidado de su compañero. La estancia en el hospital fue larga y bien compleja a causa de la precariedad del momento que continuamos a vivir por la pandemia.

Viví un profundo sentimiento de agradecimiento al Señor cuándo percibí la mirada de comprensión y de servicio concreto que «este ángel» estaba brindando.

Conmovedora fue su esmerada atención al enfermo, además de estar disponible, si otros pacientes necesitaban ayuda.

Continué visitándolos, aliviándolos con unas tacitas de café y acompañándolos hasta la etapa final, en la cual no faltó la ternura necesaria para asumir el dolor de la despedida.

R. me enseñó cómo en el dolor proprio late el dolor del mundo dejándose tocar por el dolor ajeno. Lo que pude contemplar fue la apertura al otro superando la tentación al aislamiento y la entrega real.

La misma dinámica la estoy mirando en la relación de una amiga con su hijo preso. El amor por L. la empuja a asumir tareas de apoyo para otros presos en situación de extrema soledad. Cada vez que puede entregar la famosa «jaba» en los días establecidos, siempre hay algo para los compañeros del hijo.

Ayudar y dejarse ayudar es comprender que no estamos solos; así que lo que sucede y cuanto sucede, es lo mejor de todo lo que podría suceder, porque el Reino del Padre ya está «presente».

Estas situaciones de «Miradas amorosas» me dicen que la Cruz se puede trasformar en una pequeña luz que alumbra el camino y da vida.

Ser testigas de estos acontecimientos ayuda a mirar el mundo con bondad y confianza, así como Dios nos mira desde nuestro existir.

Hermanita Rosetta

Una vida entregada a Dios y a su pueblo más pobre

La Hta. Emanuela le escribe una carta al Hto. Enrique, recogiendo en el momento de su muerte la bendición que ha sido su vida.

Querido Enrique:

¡He aquí que has llegado a tu verdadera Casa para empezar el Año Nuevo en la alegría de tu Señor! Pensando en tu vida, voy a hacer mías las palabras de Isabel a María, cuando la recibió en su casa, y te digo: “¡Dichoso tú que has creído!” porque has vivido consecuentemente tu fe.

Hermano Enrique

¡Dichoso tú, Enrique, que has creído en Jesús de Nazaret y has querido seguirle a Él todos los días de tu vida!

¡Dichoso tú que has apostado a la felicidad que da el compartir la vida de la gente sencilla, como lo hizo Jesús en Nazaret, y pudiste gozar de ella!

¡Dichoso tú que supiste vivir en comunidad con Humberto durante 53 años, sufriendo por las dificultades de la relación,  pero siempre siendo capaz de reanudarla en el perdón dado y recibido!

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