Argentina

Empujada por el viento de arena del desierto, el Espíritu llevó a Magdalena de Jesús desde el Sahara,  al mundo entero

Contemplativas en la vida compartida con los pobres, -como ella nos soñó- a partir del año 1957 en la Argentina, fuimos tratando de vivir nuestra amistad con Jesús, encarnando su Evangelio en medio de nuestro pueblo humilde pobre y luchador que ya lo vivía.

La primera “fraternidad” nació con dos hermanitas. Una que recién llegaba de Europa y la primera  argentina que la esperaba. Juntas vivieron en un “conventillo” de los suburbios de Buenos Aires. Conventillo habitado por inmigrantes. Vivieron así en carne propia un primer desafío: la interculturalidad.

Al tiempo, conocieron una villa de “emergencia”  lugar de llegada de familias del interior del país. Vida de pueblo pobre… con ellos hicimos fraternidad durante 15 años en Villa Jardín.

Lo que ellos nos hacían descubrir, hizo nacer en nosotras, el deseo de ir más allá,  “tierra adentro”. Supimos lo que era vivir “en salida”…Primero, una villa de  San Nicolás, después el Chaco Santafesino para compartir vida, trabajo  y anhelos con los cosecheros del algodón y de caña de azúcar. Fueron 18 años de vida compartida.

Siempre “en salida”, llegamos a Santiago del Estero, paraje Las Talitas, en pleno monte donde durante 13 años, aprendimos a vivir un Nazaret  humanizador, porque en su ocultamiento, (eran poco más de 20 familias) su fe y  rica religiosidad, sostenían la nuestra.

La organización misma de la fraternidad que crecía, necesitó  tener -por un tiempo- una fraternidad en Buenos Aires, capital… algo más “central” donde llegaban muchos amigos y amigas y también las hermanitas.

Nuestra manera propia de vivir y amar, necesita recogerse  en la intimidad con Dios. Desde el año 1972 tenemos una ermita en Luján, santuario nacional donde el pueblo llega a la casa de su Madre.

Allí en la contemplación e intercesión,  se unifica nuestra identidad, fecundidad y misión.

En 1975, conocimos una pequeña villa en Monte Chingolo, y dejamos Villa Jardín. Sentimos que era el momento de “salir” dado que otra presencia de Iglesia  había llegado al lugar.

 Después de 15 años allí, gracias a la organización de los villeros,  se construyó un nuevo barrio donde a nosotras también se nos adjudicó un departamento. Desde hace  26 años, allí vivimos.

Necesitábamos mantener una presencia gratuita y familiar en otra villa, de otra diócesis,  y nos abrió sus puertas el “barrio San Jorge”, de San Fernando – Buenos Aires-, donde compartimos durante 15 años  la vida de las familias construyendo mucha amistad.

Vivimos dos años en la diócesis Merlo-Moreno. Así conocimos y compartimos la calidez de la gente de un sencillo barrio del cono urbano de Buenos Aires.

Las condiciones que se nos ofrecían, posibilitaron por un tiempo, la organización interna de nuestra fraternidad.

La intuición de la fundación  en toda América Latina, nos llevaba a acercarnos cada vez más concretamente a los pueblos originarios… relegados, postergados, ignorados en la cordillera de los Andes y en el año 88 nos recibieron allí los hermanos mapuches. Integradas  a la vida de las mujeres, aprendiendo de ellas, a hacer gestos cotidianos: amasar el pan, tejer al telar, buscar leña.

Magdalena de Jesús acunó la fraternidad, en “la casa del otro” (árabes, musulmanes)… fiel al hermanito Carlos “hermano de todos”.

A lo largo de los años buscamos mantenernos atentas a los que están al margen de la organización, porque viven otro ritmo, otra cultura, otra fe.

Lo hacemos unidas y participando en redes, con amigas,  misioneras laicas, con opciones e intuiciones espirituales semejantes y  complementarias.

Encarnando una nueva forma de vida de fraternidad, dos hermanitas se han integrado a la vida de los adultos mayores en dos hogares en Buenos Aires.

En un país donde la inmigración es tan importante, sentimos la invitación de acercarnos a un asentamiento en Monte Grande, periferia de Buenos Aires. Allí, desde el año 2016, compartimos la vida con muchas familias paraguayas y algunas bolivianas.

Como a toda la vida consagrada de hoy, en este mundo de cambios sociales culturales, religiosos, tan profundos nos moviliza el llamado a “la salida”. Ella  fortalece y re crea la  misión. Nos sentimos enamoradas de las raíces del carisma, en las diferentes formas de presencia hoy en la Argentina.

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