Fraternidad en Cuba

La Habana Vieja es un gran municipio que tiene un rostro, el que conocen generalmente  los turistas, que incluye la catedral, los museos, los hoteles, los restaurantes. En fin, toda la diversión. Pero tiene otro rostro, con casas viejas y sin mantenimiento, donde vive mucha gente en poco espacio. A veces, en una casa, conviven varias familias, donde cada familia tiene un cuarto y el baño y la cocina son en común. En la calle se encuentra siempre  mucha gente buscando mandados, hablando, sin trabajo, niños jugando, o pequeños emprendedores como un zapatero, un herrero, un barrendero, y los pe

queños vendedores con su carrito con pan o  verduras, helado,  etc.

Nosotras vivimos en un pasillo interior del barrio de Jesús-María que forma parte del “rostro de casas viejas” de este municipio,  

donde compartimos nuestra vida con los y las vecinas. Desde el mes de diciembre 2016 somos tres hermanitas en esta casa. Como ellos, nosotras también tenemos nuestras ocupaciones.

Mayte recibe un curso de Auxiliar pedagógica para insertarse a trabajar en un Círculo Infantil estatal; Clara María continúa su trabajo como alfarera en “El Cano”, barrio de la periferia de la ciudad, y Rosetta  busca un equilibrio entre la acogida de personas amigas en casa, la presencia en el barrio y la venta del maní dulce y  salado en dos centros culturales de la Iglesia Católica que están presentes en Habana Vieja. Este ha sido un nuevo comienzo. Nuestra presencia en esta casa comenzó en el 2001.  Los y las interesadas por conocer más, pueden consultar el relato histórico de nuestro país.

La realidad del trabajo nos permite una maravillosa riqueza de relaciones variadas en las cuales queremos seguir a Jesús de Nazaret viviendo en comunión de destino con el pueblo cubano y testimoniar que en medio de nosotros ya está presente el Reino de Dios. “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar” (José Martí).

Con frecuencia los niños y niñas se aburren, no saben a qué jugar y tocan a nuestra puerta, unas veces con mucha insistencia, otras, con más tranquilidad. De nuestra parte, los acompañamos en lo que viven y que, ellos y ellas, comparten espontáneamente.

Un día vinieron dos niñas y pudimos tener con ellas una larga conversación. Fue bonito como ellas nos contaban todo lo que son capaces de hacer. Otro día fue la curiosidad de saber de nuestra vida. Ellas preguntaron a Rosetta cómo era que  había llegado a Cuba, sabiendo que es italiana. Les contestó: “Yo quería venir a conocer al pueblo cubano y compartir con este pueblo los trabajos que pasa, las luchas que tiene”. Había que ver el rostro de esa niña: ¡cómo la escuchaba con una atención inmensa! Su carita bebía las palabras y su corazón seguramente se abría a otra dimensión.

Otro aspecto muy importante de nuestra vida de hermanitas: estamos caminando con la comunidad cristiana que en este período busca formular un plan pastoral adecuado a la realidad y a la posibilidad del tiempo y energías de quien se sienta involucrado y esté disponible. El tema de la acogida en el templo y de la misión nos interpela y nos cuestiona. Nuestro anhelo como parroquia: ofrecer a las personas que habitan este barrio y que practican las religiones afrocubanas, una ocasión para compartir la fe que tienen y un lugar donde se sientan acogidas como si fuera su casa.

Nuestra fundadora, Hermanita Magdalena de Jesús dijo: “El amor fraterno y universal será para las hermanitas la regla primera porque es el mandamiento del Señor” (Const. Art. 54).     Sí, el amor fraterno y universal es el fundamento mismo de nuestra vocación contemplativa en medio del mundo. Por eso nos hemos propuesto: “Querer vivir una vida comunitaria que tenga como fundamento común a Jesús, que nos permita vivir relaciones humanizantes entre nosotras y con los otros, profundizando los lazos y acogiendo la diversidad de cada una. Una vida comunitaria en este barrio de Jesús-María, vivida en solidaridad con los vecinos y otras personas dentro de sus condiciones de vida.”

Día a día vamos viviendo este proyecto y ciertamente, son muy bonitas las experiencias que vamos teniendo tanto entre nosotras como con las personas con las que compartimos la vida.

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